Sangrado libre: Vivir la menstruación desde el autoconocimiento

Mi nombre es Cèlia, soy estudiante de doctorado en Historia del Arte y hace dos años, cuando estaba estudiando un máster en París, dejé de usar cualquier producto de recogida de sangre menstrual. No porque no estuviera satisfecha — a los 18 descubrí la copa menstrual y estaba encantada — sino porque había descubierto que mi cuerpo no los necesitaba. Sin aún saber que tenía nombre, empecé a practicar lo que se conoce como “sangrado libre”. Para que esta posibilidad llegara a más mujeres abrí la cuenta @freetheregla para compartir mi experiencia y construir entre todas un espacio donde poder preguntar, compartir y seguir aprendiendo.

El Sangrado libre

Tal como ha empezado a popularizarse en los últimos años, la expresión “sangrado libre” puede entenderse de dos modos. En primer lugar, designa el hecho de dejar fluir nuestra sangre sin ponerle ningún tipo de barrera, tal como hizo Kiran Gandhi en la maratón de Londres de 2015. Sería la traducción literal del Free Bleeding en inglés.

En este sentido, la práctica del sangrado libre ha permitido, como forma de activismo menstrual, visibilizar la menstruación y cuestionar así la manera en que ésta es tratada — escondida, estigmatizada, menospreciada — en nuestra sociedad.

Por otro lado, la práctica del sangrado libre — o como muchos prefieren llamarlo entonces, “Flujo Instintivo Libre” (Free Flow Instinct) — consiste en escuchar a nuestro cuerpo para saber el momento en que necesita evacuar la sangre y hacerlo entonces en el lugar que decidamos, normalmente en un baño.

Esto fue lo que aprendí que mi cuerpo sabía hacer, probablemente desde mucho antes de que yo fuera consciente, hace ya más de dos años.

La primera vez

Me bajó la regla a punto de salir de casa y de coger el coche para empezar un fin de semana rural. En ese momento, sin la copa a mano, preferí no ponerme nada y ver qué pasaba. Le conté a mi pareja de entonces, quien conducía, por si necesitábamos parar. Para mi sorpresa no lo necesité. Eso sí, salí disparada al baño al llegar.

Era la primera vez que lo hacía y no sabía si era fruto de la casualidad, del hecho que me acababa de venir o si realmente era posible vivir la menstruación de este modo. Googleando y leyendo descubrí que había más mujeres que lo practicaban, y desde entonces decidí que yo también quería explorar este camino en mi modo de vivir la menstruación.

¿Por donde empezar?

Cuando se escucha por primera vez, lo primero que viene a la mente es que es imposible, que cómo vamos a controlar tal flujo torrencial, y que, de ser posible, ya nos lo habrían dicho antes ¿no? Como pasaba hace diez años con la copa, tanta lacra sobre la menstruación y sobre el cuerpo de la mujer, tantos mitos y tantos tabús, hace que desconozcamos completamente esta opción o que lleguemos a ella muchas veces de casualidad.   

De hecho, no se trata de controlar, si no de escuchar. Para ello, conviene parar y observar nuestro cuerpo. 

Cuando una está acostumbrada a la copa, como era mi caso, se imagina que nuestro útero, una vez llega la menstruación, es como un grifo abierto contra el que nada se puede hacer. Como (casi) siempre está puesta creemos que no podemos sobrevivir sin tal “tapón”, y si alguna vez hemos aguantado cinco minutos a ir al baño debía ser por puro milagro. 

 

En realidad, no sangramos las 24 horas sin parar, si no que el flujo menstrual, sea ligero o abundante, es intermitente. El útero lo expulsa a “tandas”, para entendernos. De modo que lo primero que se debe hacer es observar dicha intermitencia. 

Las claves: observar y escuchar tu cuerpo

Busca ese momento tranquila en casa o en un espacio seguro, en que te sientas cómoda, en que tengas tiempo y estés relajada, o créalo para la ocasión. Ve al baño, observa si tu cuerpo necesita expulsar tu sangre, y si no, espera. Cuando ésta llegue, no intentes retenerla, intenta primero acomodarte a la sensación de tu sangre bajando, para aprender a identificarla. Mancha si es necesario para sentir como se abre paso. Uno de los efectos secundarios más bellos de practicar el sangrado libre es la reconciliación con la mancha.

Hay mujeres que sienten el momento en que se abre el cuello del útero y empieza a expulsar la sangre, muchas lo describen como una leve contracción o vibración. Hay veces que se siente un cosquilleo en la vagina que te avisa que la sangre está descendiendo, momento en que puedes ir al baño con el tiempo suficiente para evacuarla. Al principio, puedes notar también una sensación parecida a las ganas de orinar y con el tiempo irás viendo que ganará su propio matiz hasta identificarlo con ganas o necesidad de menstruar. Cada cuerpo es diferente, no necesariamente te pasará o te identificarás con todo lo que hay aquí escrito, la clave es poco a poco familiarizarte con tu propia sensación.

Conectar con el suelo pélvico

Otro modo de practicar el sangrado libre es activando el suelo pélvico, cerrando levemente la entrada de la vagina, sin contraer, sin apretar, sin fuerza, simplemente poniendo consciencia. En mi caso, realizándolo así, siento como me “lleno” progresivamente cuando se va depositando la sangre, como si llevaran la copa puesta. Llega un punto en que tu cuerpo te pide que te vacíes y al ir al baño y relajar, cae la sangre acumulada.

Antes de empezar con los Keggel, es mejor contactar con un profesional que evalúe tu caso, que pueda decirte qué ejercicios hacer para mejorar tu tono — relajarlo si está demasiado tenso o reforzarlo si está muy flojo — y, sobre todo, lo que sabrá decirte es cómo ganar autoconsciencia y sensibilidad.

Cogiendo un espejo y mirándote, intentar “abrir” y “cerrar” tu vagina, y ya puestos, hacerlo durante tu menstruación y ver cómo sale la sangre, te ayudará mucho a conectar con tu cuerpo y conocer cómo se mueve y qué necesita(s). El momento ducha suele ser un buen plan para ponerte manos a la obra.

Practicar ciertos tipos de yoga, o la danza del vientre, ayuda también no sólo a tonificar una zona que normalmente tenemos olvidada, sino a conectar con ella de un modo diferente. En mi caso, estoy segura de que haber hecho siete años de danza oriental me ayudó muchísimo a reconocer las sensaciones de mi cuerpo y mi vagina practicando el sangrado libre.

Menstruar fuera de casa

Cuando sentí que estaba cómoda practicando el sangrado libre en casa, pensé que podría integrarlo en mi vida también en el trabajo o en mi tiempo de ocio. La primera vez, salí a hacer un café al lado de casa. Gradualmente, a cada nueva menstruación, intentaba buscar un momento para dar un paseo o para coger el metro y alejarme cada vez más, hasta que con la práctica y acumulando experiencias me sentí suficientemente segura como para saber que podría adaptarme a cualquier situación.

Durante estos dos años, he menstruado en todo tipo de situaciones: trenes, aviones, baños públicos, bares, trabajo, etc. Hay momentos en que necesitas “aguantar” cinco, veinte, minutos más hasta llegar al baño, o otros que decides vaciar antes de sentirlo por comodidad, porque sabes que no tendrás un baño cerca en la próxima hora y media o más.

Pero hay veces también en que calculas mal y manchas o manchas por que sí, estando en casa, o la primera vez que estornudas, por ejemplo. Una vez lo sabes, te preparas mejor para las siguientes veces. En mi caso, aún no he vivido ninguna escena “dramática”. Las manchas son más bien pequeñas pérdidas, como cuando tienes flujo en tu ropa interior. Además, con el tiempo, integras de tal modo la menstruación en tu vida, que pierdes miedo también a este tipo de escenas y abrazas la mancha de un modo completamente diferente.

@freetheregla

Dependiendo de si te incomoda mucho o no el hecho de manchar, puedes usar un salvaslip o compresa de tela para sentirte más segura, o unas braguitas menstruales, por ejemplo. Cada una puede adaptarlo a su rutina, trabajo y situaciones a las que debe enfrentarse menstruando.

Una gran fuente de autoconocimiento

Desde que practico el sangrado libre, la menstruación ha pasado de ser algo que no tenía voz en mi vida — no me dolía, no la notaba, igual que venía y se iba — a ser algo que está presente, tiene entidad y me conecta con mi cuerpo de un modo muy especial.

Una de las cosas más bonitas, es que, al principio, cuando aún no lo dominaba del todo, estaba ansiosa por tener la menstruación para poder practicar. Y tener ganas de menstruar creo que es ganar una gran batalla en esta sociedad.

@freetheregla

Por otro lado, he llegado a conocer mi menstruación de un modo que no habría imaginado. Se gana un sexto sentido: el sentido menstrual. Empiezas a reconocer cuando estás llena de tu sangre, apreciar la ligereza al acabar de menstruar, ganas nuevas sensaciones en la vagina, aprendes a relajar o poner consciencia en tus músculos de un nuevo modo, sientes la textura de tu sangre de un modo diferente, ves al momento cuando cae muy líquida, o muy espesa, o a cuenta gotas, y empiezas a reconocer el ritmo de tu menstruación, es decir, cuándo tendrás el pico de más abundancia o cuándo tendrás más autonomía fuera de casa.

El sangrado libre es mucho más que no usar ningún producto de recogida de sangre menstrual —y, de hecho, se puede combinar con ellos según las ocasiones o necesidades. El sangrado libre es, ante todo, un gran ejercicio de autoconocimiento, escucha y amor propio, y sólo por ello, lo recomendaría a todo el mundo.

 

Be a #TabooBreaker

 

Mi nombre es Cèlia, soy estudiante de doctorado en Historia del Arte y hace dos años, cuando estaba estudiando un máster en París, dejé de usar cualquier producto de recogida de sangre menstrual.  Sin aún saber que tenía nombre, empecé a practicar lo que se conoce como “sangrado libre”. Para que esta posibilidad llegara a más mujeres abrí la cuenta @freetheregla para compartir mi experiencia y construir entre todas un espacio donde poder preguntar, compartir y seguir aprendiendo.