Origen de la palabra menstruación

Tomate, vino andrés, “estoy en esos días”, mi amiga de rojo, “Juana la colorada”, cantó el gallo, periodo… Y la más famosa y clásica de todas las expresiones: la regla. La palabra menstruación ha ido ganándose apodos de lo más pintorescos en todo el mundo. 

Muchas veces ha sido fruto del cambio lingüístico y transformación  habitual que, en su evolución histórica, experimentan la mayoría de palabras en general.  Pero en otras ocasiones son eufemismos, que sirven para esconder el tabú. Una forma de maquillar y suavizar algo tan natural como el sangrado vaginal que da comienzo a otro ciclo más de nuestra vida.

Breve historia de la menstruación

¿Por qué son importantes las palabras? Porque ellas delimitan el pensamiento, nombran las cosas que nos pasan, los sueños, las creencias e incluso los miedos. Gracias a las palabras podemos hilar conceptos y llegar a comprender pensamientos complejos. Por el mismo proceso por el que  no es lo mismo decir “casa” que “hogar”, las palabras acogen significados profundos que nos cuentan un poco de su historia.

Por eso, para entender el origen de la palabra menstruación, tenemos que bucear un poco en su historia, ¿me acompañas?

La sangre menstrual, con su color rojo fuego, es y era llamativa, y siempre despertó interés entre los pueblos de la antigüedad.  De hecho, los cazadores llegaban a creer que si se manchaban de sangre menstrual serían más vulnerables ante sus presas.

Hace ya 800 años, los persas pensaban que las mujer que menstruaba estaba siendo impura. Por eso, se le aislaba por cuatro o más días en un habitáculo que reservaban para ellas. Tradición que se resiste a su extinción a día de hoy en algunas culturas y que se conoce como “cabaña menstrual”. Tampoco tenían relaciones sexuales y realizaban ceremonias de purificación.

También en la India oriental del Siglo VI a.C.  purificaban a las mujeres haciendo que se frotaran los dientes, hacer gárgaras, lavarse manos y pies y  zambullirse incontables veces en el río. 

En Grecia, estaban influenciados por un médico famosísimo llamado Hipócrates, el padre de la medicina moderna. En ese momento se arraigó en la cultura la menstruación vista como una enfermedad, que figura en sus escritos de “Corpus hippocraticum” ( un conjunto de alrededor de cincuenta escritos médicos que abarcan más de mil páginas). 

¿Adivinas en qué sección? Pues sí: en el de “Enfermedades de las mujeres”. Allí se relata que las mujeres eran “excesivamente calientes” y gracias al sangrado se lograba atemperar nuestro cuerpo. De hecho, consideraba la sangre menstrual como “un desecho”…

¡Ay! si pudiéramos charlar tranquilamente con Hipócrates y contarle que la sangre menstrual tiene hasta células madre…

Su amigo Galeno en el Siglo II d.C., distendió un poco de su argumento y aclaró que la sangre menstrual era fruto de la imperfección de la mujer, que carecía del calor necesario, lo que causaba malas digestiones.

Como curiosidad, en la época de Hipócrates, tampoco tenían muy claro en qué momento se producía la ovulación. Unos creían que no tenía día fijo, o que se producía mientras tenían sexo, o justo en la fase premenstrual. Por eso, Hipócrates también recomendaba que se buscase la fecundación cuando la mujer estaba próxima a menstruar. 

En Roma también se temía a la menstruación. De hecho, Plinio El Viejo ( un escritor y militar romano del siglo I) decía que nada era tan poderoso como la sangre menstrual… En su sentido positivo y negativo.

Plinio creía que la mujer podía hacer que los animales abortasen, convertir el vino en vinagre o estropear campos de cultivo. 

En el Talmud judío, – un inmenso código civil y religioso elaborado entre el siglo III y el V dónde se recogían leyes judías, tradiciones y costumbres-, se escribe que una mujer que está menstruando es impura por siete días.

De hecho, se llegaba a impartir una pena de “muerte celestial” y azotamiento a los hombres que yacían cerca de ellas durante su fase menstrual.

La melancolía y el dramatismo de los siglos XVIII y XIX también tildó a la palabra “menstruación” de muchísimo prejuicio. De hecho, se creía que el útero influía de manera negativa en todo el organismo, comparándolo con demonios y como una entrada de enfermedades. Los médicos trataban con prejuicio a las pacientes, y  consideraban la menstruación como una prueba de la debilidad de la mujer, propensa a muchas más enfermedades que los hombres.

Los médicos del siglo XX tampoco cambiaron de opinión: algunos de ellos se les ocurrió la idea de que la sangre menstrual tenía una supuesta toxicidad bacteriana en la sangre llamada “menotoxinas” bacteriana.

En la actualidad la realidad menstrual ha cambiado mucho. Tenemos mucha más información sobre qué significa menstruar, las propiedades de nuestra sangre y todo el poder de la educación menstrual para observar y potenciar las fases de nuestro ciclo. Pero aún siguen existiendo muchísimos prejuicios:

En Afganistán el 70% de las niñas no se bañan ni se duchan durante la regla por temor a la infertilidad, en Himalaya obligan a las mujeres menstruantes a estar fuera de casa para preservar su pureza, en Malawi está prohibido hablar sobre la menstruación y las mujeres tienen que llevarlo en secreto.  En España, sin ir más lejos, los productos de higiene menstrual no se consideran de primera necesidad.

Por eso, cuando hablamos sobre el origen de la palabra “menstruación”, lo mejor es que paseemos por su historia y miremos con lupa todos los prejuicios que la han rodeado. Preguntarnos, quizá, porque han surgido tantos apodos, eufemismos, y formas de “decirlo sin que sea evidente”.

En algunos casos será por la forma coloquial de utilizarlo, por tradición, o por la evolución del propio lenguaje. Y otras muchas, quizá la mayoría, por el propio tabú. Como cuando no decimos abiertamente el nombre de una enfermedad por temor, o no mencionamos un tema sensible en una reunión familiar. Porque lo que no se nombra no existe. Y el prejuicio se alimenta de ese silencio. 

¿Cuál es el origen de la palabra menstruación?

El origen de la palabra menstruación continúa siendo una gran pregunta. La primera persona que lo dijo y por qué, sigue siendo uno de esos misterios que rodean nuestra historia menstrual. 

Etimología

Sin embargo, sí que sabemos algunas cosas sobre su etimología:

Sabemos, por ejemplo que puede estar relacionado con la Luna, ya que en Griego antiguo men, mes lunar, de mene, Luna. De hecho, Aristóteles escribió en su libro “Historia animalium”, que el cuerpo de la mujer podía ser influenciado por la Luna. 

Sin embargo, si nos vamos al latín, podemos ver que  “menstruación” procede de la palabra menstruus, -a, -um.

Literalmente significa “mensual, lo que ocurre cada mes” (de hecho se puede hablar de feriae menstruae, ‘fiestas/días festivos mensuales`), aunque también puede significar ‘que dura un mes’. 

La palabra “menstruación” en relación  con la mujer aparece por primera vez con Plinio –¡sí, del que te había hablado antes!– en su “Historia Natural”, lo utiliza: mulier quae est in menstruis, ‘mujer que está en su menstruación’, también referida para los animales hembra. 

De ahí encontramos otras palabras como menstrualis, -e (adjetivo con el mismo sentido que menstruus, -a, -um), menstruatus, -a, -um (para referirnos a una mujer que ya ha pasado la menstruación) y el verbo menstruo, -are, -avi, -atum (tener un ciclo mensual, menstruar).

¿Por qué llamamos regla a la menstruación?

Lo que sabemos es que seguramente se extendió como una expresión eufemística, coloquial (más alejada del concepto científico) o como otra forma de recalcar la periocidad del sangrado. 

La palabra regla, procede del latín regula, ‘algo que ocurre por norma’ (aunque no todas las mujeres menstruan). Por hacer hincapié en “algo” que ocurre todos los meses, más puntual o menos, y es algo indiscutible a los sentidos, por lo tanto se tiene como una «norma natural que tiene que ocurrir sí o sí».

Además, es una palabra relativamente moderna, ya que Dicciomed (diccionario médico-biológico, histórico y metodológico) nos informa de que esta palabra está atestiguada con el significado de menstruación a partir de 1906. 

Una palabra que se utiliza en el patio del colegio, en las consultas ginecológicas, en conversaciones del día a día. Y que cumple 114 años de historia frente a los innumerables de la palabra menstruación. 

Otros eufemismos de la menstruación

En cuanto a la palabra período, ocurre algo parecido: período en castellano llega a través del latín periodus desde el griego περίοδος (literalmente ‘camino circular que va alrededor de‘). Por lo tanto, su uso eufemístico vendría por el sentido de que es algo que ocurre por períodos, por tiempos fijados en ciclos.

Es curioso que para ambas palabras (regla y período) se recoja la acepción de menstruación sin comentar nada más, casi como dando a entender que son sinónimos, aunque el uso de menstruación sea muchísimo más antiguo. 

Sea como sea, lo llames menstruación, vino Andrés, mi prima la de rojo, periodo, regla, tomate… Al final, lo que importa es el por qué. Por qué utilizamos esa palabra en lugar de otra. En el fondo, en este lenguaje tan diverso, lo que nos mueve es que podamos elegir libremente cuál es nuestro método de higiene íntima, educación menstrual y mucho autoconocimiento. Evitar frases como que «estamos enfermas» si lo que nos pasa es que tenemos molestias menstruales. Juntas sin miedo, sin vergüenza… Para descubrir el poder de otro ciclo más de nuestra vida, esta vez nombrándolo sin tabúes ni prejuicios. 

Mención especial a Alba Pozuelo (@albalobillo) , filóloga clásica, profesora de latín y doctoranda en la Universidad de Málaga, que nos ayudó a realizar este artículo. Una #TabooBreaker que hace un par de años decidió no gastar ni un solo gramo de plástico porque considera que «daña nuestro ciclo y cuerpo, en algo tan natural como es la menstruación».

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